La barra del bar,
acantilado donde se rompen los abrazos,
sin pausa,
sorbos de arena,
carne desbastada por las horas,
espíritus aéreos, tan primitivos como rocas,
remueven el fondo de cada poso,
tosco espinazo donde llorar las pérdidas
y abandonar las confesiones.
Huyo entre las hierbas altas
de tu memoria,
párpados cerrados,
soliloquios de tubas aullando a la nada,
olor de tu café en este laberinto
del que borro fotografías
que ya no eran ni recuerdos,
y a pesar de todo,
más allá de la puerta,
hay caminos que siguen pareciendo rectos.
Con Climtemnestra en Micenas
Hace 1 semana
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