Pasamos andando delante de alguién que extiende la mano abierta hacia arriba, pidiendo limosna, y una energía canalla nos empuja a mirar hacia otro lado. O peor aún, pasamos a su lado como si pasáramos al lado de una farola, sin mirar y sin ver. Como si fuera trasparente.
La caridad no soluciona la vida, solo y con suerte el día.
No juzgo, ni hay consejos; si tengo algo suelto y no aprovecho para mirar el paisaje urbano o humano, quizá me acerque y deje alguna moneda en su mano. Y no me gusta dar limosna: me parece que al tiempo que le doy mi moneda respaldo las causas que le han llevado a terminar en esa situación, tampoco solucionaria nada que mi bolsillo se quedara vacio porque a la vuelta de mi paseo volvería a encontrarme con esa mano extendida.
O al día siguiente.